Cría cuervos

Yo misma me sacaba los ojos. Qué digo, los ojos. Los pulmones y el corazón y cualquier otro órgano vital. Qué agonía, tres meses sin acción ni reacción, oxidándome como la bicicleta del garaje. La espera no es merecida ni justa, pero qué le voy a hacer. En una semana resucito mi vida, que ha estado en stand by desde junio y va necesitando un poco de marcha. Bienvenidos sean el despertador que va a volver a sonar a las siete de la mañana, el estrés constante con paréntesis en los viernes por la tarde, el currazo del sábado por la tarde para poder ir al concierto y levantarme a la hora de comer el domingo, los trabajos para el jueves de los que me acuerdo el miércoles, los “no puedo más” pero poder y acabar estudiándome el último tema la hora antes del examen, el ansia de Festivern, de Feslloch y de la madre que los parió, el disfrutar de los fines de semana como se merece e ir a clase el lunes de mala leche. Todo lo que me da la adrenalina que necesito de lunes a domingo, de septiembre a junio. Dios maldiga el verano que me lo roba todo y me hace esperar dos meses para devolvérmelo. Recibiré al lunes que viene con una sonrisa de oreja a oreja, unos nervios en el estómago que no me van a dejar desayunar y unas ganas de comerme el mundo que no sé si a la segunda semana de clase estarán liquidadas, pero que por el momento existen, son patentes y reales. Feliz lunes.

Texto y fotografía: Andrea Sànchez.

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